martes, 7 de octubre de 2008

Tres relatos y una historia

La niña
De repente oí un frenazo, como un golpe metálico y un frenazo. Mi padre también frenó en seco y pensé que había chocado con el coche de delante pero no era eso. Mi padre salió y fue rápidamente hacia el otro coche. Entonces vi a un chico en el suelo con el casco puesto y una moto tumbada: el coche de delante había chocado con la moto.
La señora que conducía se acercó al motorista y le preguntó si se había hecho daño, le rogó que no se moviera, que llamaría a una ambulancia. La señora estaba muy nerviosa, le temblaban las manos y, a pesar de las gafas de sol, se le notaba blanca y preocupada. "Por favor, por favor, no te muevas".
El hombre que iba con la señora, un hombre gordo, muy gordo, llamó a alguien por el móvil y los tres, la señora, el hombre gordo y mi padre, agachados alrededor del motorista le tocaban las piernas y los brazos. Yo quise acercarme también, pero mi padre me dijo que me quedara en el coche.
Vi como el motorista movía las piernas y que intentaba sacarse el casco.
-Estoy bien, estoy bien, déjeme.
-No te muevas, puedes tener alguna lesión. Es mejor que te quiten el casco los de la ambulancia- decía el señor gordo.
Mi padre me miraba de tanto en tanto y yo le hacía señas para que me dejase acercarme.
Poco a poco fue viniendo más gente preguntando qué pasaba. Retiraron la moto de la carretera.
El motorista se incorporó, a pesar de los esfuerzos por sujetarlo, y la señora se puso histérica.
-¡Por Dios, por Dios no te muevas!- gritaba como una posesa.
El motorista estaba bien. Se puso de pie y se quitó el casco. Cojeaba un poco, pero fue hasta su moto, la puso en marcha, volvió a ponerse el casco y se fue.
La señora lloraba y el hombre gordo parecía que le regañaba por algo.
Después, ya en casa, le conté a mi madre lo que había pasado. Todavía tengo en la mente los gritos de la señora: "¡Por Dios, por Dios,...."

El motorista
La verdad, no sé muy bien como ocurrió. Iba a girar cuando de repente me embistió el coche por detrás y en un segundo me encontré tirado en el suelo, la moto a unos dos metros de mi y una tía histérica a mi lado rogando que no me moviera. Sentí un ligero escozor en la rodilla. Intenté incorporarme pero no me dejaron. Dos hombres, uno de ellos muy gordo, me tocaban piernas y brazos y la histérica agachada enseñándome el escote. "¡Ojalá se callara!", pensaba.
El gordo llamó con el móvil a una ambulancia. Nadie me escuchaba cuando les decía que no había pasado nada, que me dejaran. Mi única preocupación era ver la moto. No quería que el accidente me costara un dineral.
Cada segundo que pasaba había más gente a mi alrededor. Vi como cogieron mi moto y la llevaron a la acera. "Creo que arrancará", pensaba. "¡Ya está!..... ¡Ya lo tengo!.... Esa será la letra para mi nueva canción", pensé emocionado. En un segundo supe que sería una canción genial para el grupo. Con Mario aporreando la batería y Javi luciéndose con la guitarra eléctrica. "Qué bueno,... Arrancará, creo que arrancará...." Me puse de pie de un salto. "¡Por Dios, por Dios no te muevas!" gritaba la histérica. "Esa frase también saldrá en la canción. Me voy volando a escribirla. Joder, me duele la rodilla. Eso también".

La señora
Iba pendiente de la carretera, no tuve yo la culpa del accidente. Fue la moto que frenó de repente y no me dio tiempo a reaccionar. El golpe retumbó dentro de mi. ¡Le había matado! ¡Un chaval, era sólo un chaval y yo le había matado!
Salí rápidamente del coche. Todavía respiraba, gracias a Dios. "No te muevas, llamaremos a una ambulancia. Julián llama, por lo que más quieras". Por una vez en la vida, Julián hizo lo que le pedía. El hombre del otro coche también se acercó y entre los tres sujetamos al chico, que no paraba de intentar incorporarse. Era importante que no se moviera, podía tener lesiones graves y había oído muchas veces que en un accidente de moto es imprescindible que el herido quede inmovilizado, que sólo un médico puede quitarle el casco. Pobre chaval. Ya me imaginaba a su madre llorando, al padre como un loco pidiendo a gritos que me llevaran a la silla eléctrica. " ¡Dios mío! ¡Qué he hecho!"
La gente que pasaba se acercaba y preguntaba qué había pasado. Todos me miraban con horror. Yo, la culpable. "Le explicaré al juez la verdad, que yo no hice nada, que la moto frenó en seco..." De un salto se levantó "¡Por Dios, por Dios no te muevas!"

lunes, 6 de octubre de 2008

El primer encuentro


No soy Cabiria, pero a ella no le importará que utilice su nombre y su vida. Todo lo contrario, estará feliz de que alguien la recuerde con cariño.
Poco a poco os iré descubriendo cosas de ella y también mías.