martes, 14 de junio de 2011

Poesía en el jardín

Después de subir los 20 escalones, llegué al jardín
Antes de cruzar el arroyo, me descalcé y mojé mis pies en el agua fresca
Y quise ser piedra.
Sentí el agua resbalando
Las plantas me acariciaban
Sólida, inmóvil, piedra al fin y al cabo
Los insectos atraviesan mi superficie
La serenidad del tiempo llena la materia fría

Y quise ser hoja
Y fui hoja, la hoja más alta del álamo
la que toca el cielo y saluda al sol
Y el viento juega conmigo
me balancea, me besa, me abraza
Adiós jardín, piedra y hoja
la noche me llama
tu recuerdo perdura

viernes, 15 de abril de 2011

Para recordar, memorizar, integrar,..


Alejandro Jodorowsky: Historia japonesa: Un joven, queriendo aprender a manejar con destreza la espada, le dice a un viejo Maestro samurai: “¿Qué debo hacer para ser un campeón como usted?”. El viejo le responde con una palabra: “¡Atención!” “Pero, Maestro, ¿sólo eso?” “Sí, atención.” “¿Y qué más?” ¡Atención, atención!”. Cuando no tenemos una cultura mística, nos creamos una serie de ideas complicadas sobre lo que es meditar. Creemos que hay que “meditar sobre un tema”, o bien, imaginar diferentes dioses, o proceder a una íntima crítica, o escarbar recuerdos hundidos en la memoria. En el fondo, la mejor meditación es de una gran simpleza: Toda tu fuerza mental debes fijarla en un sólo motivo, en lo que es más importante para ti en este momento. Exactamente como cuando haces una fotografía. Es lo que puedes llamar “punto de tracción”, la mínima parte por donde arrastras al todo. En cada acción que haces, debes encontrar el punto de tracción y fijar tu atención en él para que el resto lo siga. Si no eres capaz de fijar tu atención en un punto determinado, no dominas a la totalidad y vives en la confusión. Para cambiar la imagen artificial de nosotros mismos creada por la familia, la sociedad y la cultura, debemos lograr detener el río de palabras que inunda nuestra mente y comenzar a buscar en nuestro espíritu en plena mudez. Eso es muy, muy difícil. El Ego es una especie de animal que no cesa de palabrear, pero el Ser esencial, el alma, no habla. Ese el inmenso problema que tienen los poetas, porque la tarea principal de la poesía es expresar el silencio del alma con palabras. Cuando hay exceso de palabras, no hay verdadero amor. Las palabras no son la cosa. Si el poeta describe al amor, no nos muestra el amor sino una descripción subjetiva de lo que él cree que es el amor. Pero el amor verdadero florece en la ausencia de palabras. Si tienes una fuerte angustia, apenas detienes el flujo de palabras que se agita en tu mente, esa angustia desaparece. Sumid@ en el silencio mental fija tu atención en lo que sientes corporalmente, hasta que encuentres el sitio donde yace la sensación que es raíz de tu angustia. Puede estar en el pecho, en la garganta, en tu sexo. Al ubicarla, acéptala sin emitir pensamientos y poco a poco deja que se vaya esfumando, tal como una nube negra que se disuelve en el cielo azul del mediodía. Freud, en su libro “Metapsicología” habla de “pulsiones”. Impulsos que cuando no se realizan enervan al sistema nervioso. Lo que más desea el sistema nervioso es estar en calma. Date cuenta: todo lo que enerva al sistema nervioso es desagradable, y todo lo que lo calma es agradable. Las palabras agresivas, negativas, enervan tu sistema. Pero también las palabras dulces, amorosas lo enervan porque sólo son aproximaciones y no el sentimiento real. El inconsciente interpreta a todas las palabras como críticas que demuestran impotencia. La paz aumenta a medida que frenamos nuestras palabras. Eso es meditar: vaciar la mente de palabras, buscar la muda paz de tu Ser esencial y fijar en él toda tu atención. Haz este ejercicio: Cierra los ojos e imagina algo bello, lo más bello que puedas. Ahora , con ese sentimiento, agradece a todo lo que sucede en tu cuerpo, el funcionamiento de tu corazón, la circulación de tu sangre, la energía de tu sexo, el respirar de tus pulmones, la fidelidad de tus globos oculares, la capacidad de tu carne de cicatrizar las heridas, etc… Agradece después a tus necesidades, siempre vigilantes indicándote todo aquello que prolongará tu vida. Agradece a tus deseos, que te indican donde está tu satisfacción y tu alegría de vivir. Agradece a tus pensamientos que te indican los caminos luminosos que debes recorrer. Y por fin, agradece a tu atención, porque es ella la que te hace consciente del milagro que es todo lo existente.

miércoles, 13 de abril de 2011

Personas que me gustaría conocer

13/04/2011 - Su nombre es Eric-Emmanuel Schmitt, es escritor, guionista y director de cine.
Después de leer la entrevista que le hacen en "La Contra" me han entrado muchas ganas de conocerle. Buscaré sus libros en la biblioteca. Creo que merece la pena saber más cosas de una persona que encontró la fe y la confianza en el desierto y que es capaz de trasmitir un optimismo realista.

"...Para mi, ser feliz no es tener una vida distinta a la que tengo, es entrar completamente en la que tengo; no es protegerse del dolor o la desgracia, es integrarlos en las tramas de la existencia."

Películas: "Cartas a Dios"
Libros: "El señor Ibrahim i las flores del corán", "Odette, una comedia sobre la felicidad"

http://www.lavanguardia.es/lacontra/20110413/54139905193/es-urgente-amar-y-decir-a-los-que-amas-que-los-amas.html

¿Quien dijo que el pasado no se puede cambiar?

Gracias Alejandro por ayudarnos a sanar. Tu sabiduría nos analtece.

http://planocreativo.wordpress.com/2011/04/12/cabaret-mistico-2-podemos-cambiar-nuestro-pasado/

Voy a colorear mi pasado
Pondré flores y mariposas
Besos y caricias
Amor y deseo

Voy a colorear mi pasado
con musica y perfume
con fruta fresca
y noches aterciopeladas

viernes, 2 de julio de 2010

Una buena noticia

Una buena noticia: el miedo ha desaparecido, se ha esfumado completamente. Las noches no volverán a ser nunca más obscuras. Ya no buscaré más el abrigo protector de mi soledad porque las miradas ya no me intimidan. Dejaré mi casa y mi barco para vivir mi nueva libertad. Me dedicaré a descubrir mi alma, ahora que ya está a la vista.
Llamaré a tu puerta de nuevo, con un vestido blanco y un nuevo brillo en mis ojos. Y cuando me veas comprenderás enseguida lo que ha pasado. Gracias, gracias, gracias.... gracias por decir mi nombre.
Mi camino me espera y lo seguiré con alegría, unas veces con compañía y otras con mi luminosa sombra. Sea de una manera o de otra, da igual porque respiro. Inspiro y entra en mi la libertad. Expiro y sale de mi la luz.

Gracias, gracias, gracias... gracias por decir mi nombre.

viernes, 4 de junio de 2010


Pájaro volando

Anoche soñé con mi padre. Desde que murió, hace 5 años, he pensado mucho en él, pero nunca lo había visto en un sueño. No eran imágenes oníricas, borrosas e inconexas, el sueño me regaló un recuerdo que había olvidado y que ahora recupero para nunca más perderlo.
Mi padre me enseñó a dibujar un pájaro volando de un solo trazo, sin levantar la mano del papel.
En mi sueño, yo debo tener unos 4 o 5 años y mi padre, sentado en el sofá de casa, me dice "¿sabes dibujar un pájaro?" y yo le contesto que claro y "¿cómo lo harías?", me dice, y yo le dibujo en el aire un pájaro, con sus patas y su pico. "No, no. Un pájaro volando". Yo me quedo pensando un momento y vuelvo a dibujar el mismo pájaro pero sin patas, con las alas extendidas.
"Mira, yo te enseñaré a dibujar un pájaro volando sin levantar el lápiz del papel". Y cogió el bolígrafo que llevaba en bolsillo y le quitó el papel de plata al paquete de cigarrillos. Por la parte de detrás dibujó un pájaro volando de un sólo trazo. Mi cara se ilumina. Yo también quiero aprender.

martes, 7 de octubre de 2008

Tres relatos y una historia

La niña
De repente oí un frenazo, como un golpe metálico y un frenazo. Mi padre también frenó en seco y pensé que había chocado con el coche de delante pero no era eso. Mi padre salió y fue rápidamente hacia el otro coche. Entonces vi a un chico en el suelo con el casco puesto y una moto tumbada: el coche de delante había chocado con la moto.
La señora que conducía se acercó al motorista y le preguntó si se había hecho daño, le rogó que no se moviera, que llamaría a una ambulancia. La señora estaba muy nerviosa, le temblaban las manos y, a pesar de las gafas de sol, se le notaba blanca y preocupada. "Por favor, por favor, no te muevas".
El hombre que iba con la señora, un hombre gordo, muy gordo, llamó a alguien por el móvil y los tres, la señora, el hombre gordo y mi padre, agachados alrededor del motorista le tocaban las piernas y los brazos. Yo quise acercarme también, pero mi padre me dijo que me quedara en el coche.
Vi como el motorista movía las piernas y que intentaba sacarse el casco.
-Estoy bien, estoy bien, déjeme.
-No te muevas, puedes tener alguna lesión. Es mejor que te quiten el casco los de la ambulancia- decía el señor gordo.
Mi padre me miraba de tanto en tanto y yo le hacía señas para que me dejase acercarme.
Poco a poco fue viniendo más gente preguntando qué pasaba. Retiraron la moto de la carretera.
El motorista se incorporó, a pesar de los esfuerzos por sujetarlo, y la señora se puso histérica.
-¡Por Dios, por Dios no te muevas!- gritaba como una posesa.
El motorista estaba bien. Se puso de pie y se quitó el casco. Cojeaba un poco, pero fue hasta su moto, la puso en marcha, volvió a ponerse el casco y se fue.
La señora lloraba y el hombre gordo parecía que le regañaba por algo.
Después, ya en casa, le conté a mi madre lo que había pasado. Todavía tengo en la mente los gritos de la señora: "¡Por Dios, por Dios,...."

El motorista
La verdad, no sé muy bien como ocurrió. Iba a girar cuando de repente me embistió el coche por detrás y en un segundo me encontré tirado en el suelo, la moto a unos dos metros de mi y una tía histérica a mi lado rogando que no me moviera. Sentí un ligero escozor en la rodilla. Intenté incorporarme pero no me dejaron. Dos hombres, uno de ellos muy gordo, me tocaban piernas y brazos y la histérica agachada enseñándome el escote. "¡Ojalá se callara!", pensaba.
El gordo llamó con el móvil a una ambulancia. Nadie me escuchaba cuando les decía que no había pasado nada, que me dejaran. Mi única preocupación era ver la moto. No quería que el accidente me costara un dineral.
Cada segundo que pasaba había más gente a mi alrededor. Vi como cogieron mi moto y la llevaron a la acera. "Creo que arrancará", pensaba. "¡Ya está!..... ¡Ya lo tengo!.... Esa será la letra para mi nueva canción", pensé emocionado. En un segundo supe que sería una canción genial para el grupo. Con Mario aporreando la batería y Javi luciéndose con la guitarra eléctrica. "Qué bueno,... Arrancará, creo que arrancará...." Me puse de pie de un salto. "¡Por Dios, por Dios no te muevas!" gritaba la histérica. "Esa frase también saldrá en la canción. Me voy volando a escribirla. Joder, me duele la rodilla. Eso también".

La señora
Iba pendiente de la carretera, no tuve yo la culpa del accidente. Fue la moto que frenó de repente y no me dio tiempo a reaccionar. El golpe retumbó dentro de mi. ¡Le había matado! ¡Un chaval, era sólo un chaval y yo le había matado!
Salí rápidamente del coche. Todavía respiraba, gracias a Dios. "No te muevas, llamaremos a una ambulancia. Julián llama, por lo que más quieras". Por una vez en la vida, Julián hizo lo que le pedía. El hombre del otro coche también se acercó y entre los tres sujetamos al chico, que no paraba de intentar incorporarse. Era importante que no se moviera, podía tener lesiones graves y había oído muchas veces que en un accidente de moto es imprescindible que el herido quede inmovilizado, que sólo un médico puede quitarle el casco. Pobre chaval. Ya me imaginaba a su madre llorando, al padre como un loco pidiendo a gritos que me llevaran a la silla eléctrica. " ¡Dios mío! ¡Qué he hecho!"
La gente que pasaba se acercaba y preguntaba qué había pasado. Todos me miraban con horror. Yo, la culpable. "Le explicaré al juez la verdad, que yo no hice nada, que la moto frenó en seco..." De un salto se levantó "¡Por Dios, por Dios no te muevas!"